viernes, 29 de octubre de 2010

¡Maldita Inquisición! Maldito Fray...

Fray Diego de Landa, subido en una gran piedra maya llena de jeroglíficos, se dirigió encolerizado a los españoles que había mandado citar:
-¡Oídme con atención! –dijo gritando-. A estos indios les hallamos gran número de libros con letras y figuras extrañas, que son supersticiones y falsedades del demonio, y se las hemos quemado.
Algunos de los colonizadores presentes apenas le hacían caso, estaban más preocupados en desmontar la selva para sembrar; y preferían que sus indios estuviesen trabajando en sus tierras quitando hierbas que oyendo la palabra de Dios.
Este hecho enfureció más al fraile Landa.
-¡Traedme a Pencuyut y a Tekit! –ordenó.
Y delante de todos, sacó una espada toledana y les arrancó una oreja a cada uno de los caciques mayas.
Francisco Montejo y Juan Pech, conquistadores veteranos, protestaron por el abuso.
-¡Se lo merecen! –exclamó Fray Landa-. Les he dado con su propia medicina, son sanguinarios.
Los conquistadores volvieron a desaprobar tal acción. Entonces Fray Landa decidió escarmentarlos ordenando cinco azotes a cada uno.
-Os estáis pasando- dijo uno de los colonos-. Me quejaré a la Corona.
El fray respondió quemando unos 5000 ídolos, multitud de manuscritos y variados objetos sagrados. También ordenó que les raparan la cabeza. Algunos indios se suicidaron porque no pudieron soportar la humillación de que les cortaran el pelo.
La queja tuvo repercusiones. Felipe II mandó traer a Fray Landa para que se defendiera. Su obstinada actitud por evangelizar hizo desaparecer documentos valiosos de la cultura maya. No obstante, algunos colonos españoles guardaron algunos libros, que hoy en día, han servido para descifrar los misterios mayas. Mientras Madrid era una polvorienta aldea, los mayas poseían majestuosos observatorios. Sus pirámides tenían 365 escalones, coincidiendo con los 365 días del año.
El calendario maya finaliza el 23 de diciembre de 2012. ¿Qué pasará?
¡Maldita inquisición y santos oficios!
Dicen que al final de sus días, Fray Landa se arrepintió y escribió la obra más importante sobre la cultura maya.
¡A buenas horas…!

domingo, 3 de octubre de 2010

104 AÑOS...y como una rosa!


Son 104 años los que tiene la señora Juana, pero bien llevados. Está demostrado que la longevidad está reñida con la obesidad. La mayoría de personas ancianas que conozco con más de 90 años son delgadas. Así es; por la clínica pasan más de 50 nonagenarias, cosa rara hace 20 años ya que en este nuevo siglo con relativa facilidad se superan los 90 abriles.
Éste es el caso de la señora Juana; de contextura delgada y estatura baja, le angustia andar pero camina; le impacienta no ir más rápido para abrir la puerta o contestar el teléfono, pero lo consigue. ¡Menuda naturaleza!
De cabeza va de maravilla, es un portento, sobre todo, cuando evoca historias de principios del 1900. Son muchas las remembranzas que lleva a cuestas en sus 90 años. Algunas las cuenta con nostalgia, otras con tristeza, otras con ira... Tiene una retentiva excepcional, principalmente de la Guerra Civilespañola y de la Segunda Guerra Mundial.
-¡Cuánta hambre pasamos!- recuerda con rabia y tristeza. – Recorríamos 15 kilómetros para recoger las cortezas de las patatas que pelaban los soldados.
-Sin embargo, ahora que tengo de todo, no puedo comer; me lo ha prohibido el médico y cuando no tenía me comía hasta las piedras -ríe divertida.
Otros de los secretos de su ancianidad es su sentido del humor. A cualquier anécdota le añade una pizca de humor. Al salir de la clínica siempre repite la misma despedida porque sabe que hace gracia a los presentes en la Sala de Espera:
-¡Estoy apesadumbrada Don Antonio!- se lamenta ostensiblemente mirando de reojo para comprobar que la están oyendo. -¡Quién me va a curar cuando usted se jubile!
El asombro y la carcajada es general y la señora Juana se marcha satisfecha por haber logrado su propósito.
"El que no valora la vida no se la merece".
Leonardo Da Vinci