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domingo, 21 de diciembre de 2014

AMOR CON 'A' DE ALZHEIMER


Me pregunté por qué razón las personas mayores acuden a la consulta dos o más horas antes de su cita.
He aquí esta tierna historia.
- Aún faltan dos horas para que le atienda –dije al enflaquecido anciano, que no hacía más que pulsar insistentemente el timbre.
-Ya lo sé… es por si alguien falla –se justificó el pobre octogenario mirando su arcaico reloj.
No lo pude remediar, me dio pena y le hice entrar. Se sentó en la silla más próxima a mi despacho para intentar ser el primero en pasar en caso de que alguien fallase, y, compadeciéndome, le dije que lo atendería inmediatamente.
-Bien, su azúcar está controlada… ya sabe que los pies y la diabetes no se llevan nada bien –le recordé mientras examinaba su analítica.
-Si, si… ya lo sé –respondió el viejo.
Como era un paciente veterano, conocía su historia familiar; teníamos cierta confianza, y me llamó la atención su excesiva prisa por ser atendido cuanto antes.
-Dígame, ¿cómo está su señora? –pregunté sabiendo que padecía de Alzheimer.
-Pues… como siempre… no conoce a nadie –respondió resignado mirando su reloj con insistencia –. Le cuidan bien en la Residencia…
-Entonces, ¿a qué se debe tanta prisa? Ella está bien atendida en la Residencia… No se preocupe –intenté tranquilizarlo.
El anciano me miró con sus ojillos vidriosos.
-Es que quiero darle el desayuno, como todas las mañanas.
-¿Todas las mañanas?…Pero… si no le conoce –argumenté sorprendido.
El anciano sonrió.
-Ella a mí no, pero yo sí a ella, y la quiero como el primer día que nos conocimos.
No pude remediarlo; los ojos se me inundaron de lágrimas evitando derramar una sola. Pero no pude, agaché la cabeza y disimulé escribiendo su próxima cita mientras pensaba “Amor, con mayúsculas”.
©antoniocapelriera