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domingo, 5 de marzo de 2017

SERPIENTES DE PLATA


-La montaña se asemeja a un cono perfecto -dijo el capitán Diego de Centeno, ajustándose la vieja armadura-. Pero existe un problema.
-¿Cuál? -preguntó con ambición el también capitán Juan de Villarroel, mirando al cerro.
-Está a más de 4.000 metros de altura en una zona desolada y fría, y no vive nadie -dramatizó Diego de Centeno.
-Pero en cuanto se enteren de que hay plata en abundancia, se convertirá en un hervidero –alegó el capitán Villarroel.
Y no se equivocó.
En menos de dos años, la colonia de 170 españoles llegó a albergar a más de 14.000 personas, y en pocos años el censo alcanzó los 160.000 habitantes. Se produjo una intensa vida social y económica. Florecieron los negocios, construyeron casas lujosas que lucían riquísimos tapices, cortinajes y escudos heráldicos, y de los balcones colgaban alfombras coloridas y lamas de oro y plata, fiestas esplendorosas, ... 
Potosí se convirtió en un enjambre humano. Una Babilonia. Llegó a tener más opulencia y plétora que ciudades como París, Londres o Madrid…
En las casas de los mineros más potentados circulaban todo tipo de perfumes, joyas, porcelanas y objetos suntuosos, y se dice que hasta las herraduras de los caballos eran de plata.
Pero la riqueza y el esplendor también atrajeron la miseria y la violencia. Las mujeres de los conquistadores vestían sedas chinas rematadas con encajes de oro y plata. Las casas se adornaban con alfombras persas, mobiliario flamenco, pinturas de maestros andaluces y cristal veneciano.
El vino corría en abundancia en las pantagruélicas fiestas que organizaban los españoles. Y también la sangre, como resultado de infidelidades y a la mala bebida.
El mismo capitán Centeno atravesó su espada a un joven oficial en la creencia que estaba intentando enredarse con una de sus conquistas. Era un mujeriego y pendenciero. Poder que le daba ser rico. A diario ocurrían disputas sangrientas en las plazas de Potosí. Los treinta y dos templos a veces no daban abasto en celebrar toques de difuntos.
Tuvo que intervenir el Virrey Toledo. Ordenó un bando advirtiendo que sería pasado a cuchillo quien desobedeciese sus órdenes. También se encargó de organizar la mita, verdadera explotación humana, obligando a los pueblos indígenas a suministrar mano de obra. Llegó a reclutar más de 20.000 nativos.

Una noche fría de invierno, en la fastuosa casona del Capitán Centeno, sentados enfrente de una gran chimenea, se encontraban varios amigos, entre ellos el Virrey Toledo.  Bebían vino de La Rioja y comían carne a la brasa. Al Virrey le encantaba oír las historias de los conquistadores, aparte de degustar las opíparas comidas preparadas por la indiecita Canducha. Dicen las malas lenguas que, cuando se marchaban los comensales, el capitán, harto de vino, se llevaba a Canducha a que le quitara las botas...y más cosas.
-Decidme Capitán Centeno, -¿cómo fue el descubrimiento del Cerro de La Plata? -se interesó el Virrey, a pesar de que ya había oído la historia mil veces.
Al capitán le agradaba que el Virrey le preguntase. Eso le hacía más importante como descubridor del Cerro Rico. Aunque él sabía que no lo era, pero al repetir la historia innumerables veces, podría ser que la autoría únicamente fuera para él.
-Le dije al indio que atara la mula en un arbusto -explicó con voz gangosa por la gran ingesta de vino-. Y también que encienda una fogata, porque tenía las manos congeladas.
El Virrey oía con atención, aunque los parpados se le cerraban de vez en cuando.
-Al poco, con la luz de la luna, vi resplandecer una serpiente plateada- exageró con aspavientos-. Me dirigí con mi espada en mano para decapitarla.
El Virrey alucinaba con la historieta.
-¿De verdad parecía una serpiente? –preguntó el Virrey con los ojos vidriosos.
-Sí, vuestra merced -respondió con aires de importancia el capitán-. -¡Varias serpientes aparecieron repentinamente!
-Y era la plata fundida por el fuego -dijo el Virrey Toledo, que se sabía la historia de memoria.
-Así es, vuestra merced -dijo con mucha dificultad el capitán. El vino ya no le permitía pronunciar palabra alguna.
Al capitán le costaba hablar, pero no pensar. Inclinaba la cabeza sobre su pecho mientras recordaba la auténtica historia del descubrimiento del Cerro Rico de Potosí. La historia no era como él la propagaba a los cuatro costados, pero algo había de cierto.
Resulta que una noche fría, el indígena que trabajaba para el capitán Centeno, tuvo que refugiarse con el rebaño de llamas, buscando ampararse del viento frío y de la escarcha; encendió una fogata y aparecieron los hilillos de plata fundida. El Capitán, montó en cólera por su ausencia. Cuando regresó le dio una soberana paliza, pensando que había querido fugarse con el rebaño. Y cuando ya había sacado su espada para cortarle una oreja, el indígena, al cual le había puesto el nombre de Diego, como él, suplicó diciéndole que lo podía conducir al lugar de los hechos.
-¡Diego Huallpa! -dijo el Capitán tronando-. -¡Como sea mentira, también te arrancaré la lengua!
El Capitán envainó la espada y se encaminaron al desolado cerro de forma cónica. Tras subir un camino serpenteante, llegaron al lugar donde la noche anterior había acampado el indio Diego Huallpa. Durante el trayecto, el Capitán no hacia más que amenazarle, creía que era toda una patraña para salvarse del castigo. Sin embargo, a medida que ascendían hacia la montaña, el Capitán empezó a creer en él. Iba con paso decidido, sin subterfugios. El español ya conocía las triquiñuelas de los indios cuando mentían, ponían cara de estúpidos y de confundidos. -No se les mueve ni un músculo del rostro cuando mienten -decía el Capitán. Pero éste no era el caso; Diego Huallpa sabía adónde se dirigía.
-¡Vive Dios! -exclamó al ver los hilillos de plata, algunos gruesos como un dedo.
Corrió a abrazar al indio lleno de júbilo incontenible; éste, asustado empezó a huir pensando que quería darle una tunda. Lo alcanzó porque Diego Huallpa tropezó y cayó de bruces cortándose un labio. El pobre indio sangraba a borbotones, y arrodillado suplicaba piedad.
-No, Dieguito, no - le dijo Centeno en tono paternal-. Ven, voy a curarte esa herida.
El capitán sacó su pañuelo, limpió su herida, y durante casi todo el trayecto le puso la mano en el hombro. Parecían amigos de toda la vida. El pobre indio lo miraba de reojo, desconfiado, sin poder contener algún espasmo involuntario de miedo. No podía creer que su patrón le estaba abrazando, y además, preocupado por su herida.
Se cruzaron con algunos transeúntes, quienes no salían de su asombro. ¡El mismísimo e iracundo Capitán Diego de Centeno se estaba preocupando por la integridad de un indio!
Así fue como el Capitán Diego de Centeno descubrió el Cerro Rico de Potosí, haciéndose uno de los hombres más acaudalados de aquel siglo.
La vida del indio Diego Huallpa también cambió. Dicen que empezó a vestir chaqué y a frecuentar fiestas de alto copete. Era la mano derecha del Capitán Centeno. Nadie se atrevía a sacarle burla cuando aparecía grotescamente con una levita y un sombrero de bombín. Visitaba las casas de juego, los salones más celebres de prostitutas y organizaba suntuosas fiestas. Había aprendido a bailar en una de las catorce Escuelas de Baile que entonces existían en la glamurosa ciudad imperial. Acudía a los Salones de baile, Teatros y Tablados de flamenco.
Pero quienes más temían al indio Diego Huallpa, eran los propios indígenas. Era el responsable de las mitas. ¡Se había convertido en el propio azote de sus hermanos de sangre!


jueves, 20 de junio de 2013

UN TUCÁN EN SANTIAGO

Santiago amaneció excitada y alterada. Los vecinos no hacían más que hablar del acontecimiento. En las clases, profesores y alumnos comentaban el suceso: había llegado un tucán a Santiago. Jamás habíamos visto uno de cerca…ni de lejos. El ‘Ramphastidae’ –nombre científico del tucán- fue un gran hecho histórico para el pueblo. Por poco Don George y Doña Helen declaran feriado para ir a observar al pajarraco de pico grande y multicolor.
La verdad es que era hermoso. Su gran pico de colores brillantes muy llamativos, hacía fácil seguirlo por el pueblo. Su itinerario era definido; de la iglesia evangélica al comedor, del comedor a la plaza para posarse en las ramas de un totaí; del totaí a casa de mis padres, donde mi querida madre le daba un plátano entero pelado cerca de un papayero, antes de ir al Colegio.
Cecilio decía que el tucán era evangélico, porque jamás se había dirigido hacia el sector de la iglesia católica, y nunca se había posado en las enormes campanas. Y yo me lo creí, e iba pregonando por todo el pueblo que el tucán era evangélico; hasta que el italiano del boliche se enteró y se lo dijo a mi padre.
¡Ya se lo pueden imaginar! Aún me duele el tirón de patillas cuando lo recuerdo. ¿De dónde se habría sacado Cecilio semejante idea?
Lo cierto es que el tucán se convirtió en un divertimento del pueblo. Pero no todas las historias terminan bien.
Un día encontraron al tucán muerto cerca del riachuelo; se rumoreaba que unos niños de la Escuela Fiscal lo habían apedreado. Dicen que lo hicieron porque la preciosa ave multicolor jamás se acercaba a sus dominios.
¿Será verdad que el tucán era evangélico como decía Cecilio?

domingo, 6 de noviembre de 2011

COLON, EL TAIMADO, NO FUE EL PRIMERO.

-¡Me ha engañado! ¡Es un sinvergüenza! –vociferaba en la vieja taberna cerca del palacio, Juan Rodríguez Bermejo.
                Los presentes oían con asombro las palabras malsonantes que hacía el famélico marino. No se explicaban de su atrevimiento cuando a escasa distancia se encontraba la guardia real de los reyes católicos esperando a Cristóbal Colón. Era un 15 de marzo de 1493, día de fiesta: Colón acababa de llegar del Nuevo Mundo, e iba a informar de su descubrimiento a los reyes.
                Uno de los presentes, sentado en una desvencijada silla, y que ya llevaba unas copas demás de vino tinto, se animó a preguntarle al desaliñado marino:
                -¿De quién habláis?
                -Del Almirante Colón –dijo en voz alta-. ¡Me debe 10.000 maravedíes!
                -Eso es mucho percal –dijo el borrachín. Y añadió: -¿Por qué os lo adeuda?
                El marino se colocó encima de una silla, alzó un brazo y exclamó vociferando:
                -¡Tierra! ¡Tierra! –y dirigiéndose al curioso dijo: -Yo, Juan Rodríguez Bermejo, conocido como Rodrigo de Triana, sevillano de pura cepa, he sido el primero en ver tierra.
                En un santiamén se vio rodeado de curiosos, algunos eran miembros de la guardia real. Pero Rodrigo de Triana no se amilanó. Al contrario, se enardeció, se sentía estafado. Insistía en que Colón lo había engañado, no había cumplido lo prometido en premiar con los 10.000 maravedíes al primero que viera tierra.
                Y era verdad.
                Cristóbal Colón no entregó la recompensa al marinero Rodrigo de Triana, además mintió. Dijo que él había sido el primero en divisar tierra americana. Y no era cierto porque Colón iba en la carabela ‘La Niña’, por detrás de ‘La Pinta’. 
                Ante el revuelo que se montó en la taberna, la guardia real se dispuso a arrestar al enfadado Rodrigo de Triana para llevarlo al calabozo, pero afortunadamente para el marino, pasaba la Comitiva en la que se encontraba fray Bartolomé de la Casas, y éste, conocedor de los hechos de primera mano, interpeló por el hambriento marino.
                -Este hombre dice la verdad –dijo fray Bartolomé-. El Almirante Colón iba detrás y difícilmente pudo avistar tierra antes que Rodrigo.
                Y soltaron al pobre Rodrigo, quien decepcionado se fue al norte de África con una mano delante y otra detrás, terminando sus días convertido al Islam.
               
               




domingo, 2 de octubre de 2011

El Cagafuego

Los ingleses temblaban nada más oír el nombre del Cagafuego. Hasta al mismísimo Francis Drake le entraba una cagalera hasta llegar casi a la deshidratación. Y no era para menos. El Cagafuego era un buque español muy temido por la gran cantidad de cañones que llevaba a bordo, y cuando eran disparados parecía el infierno. Había sido preparado para proteger las riquezas que llegaban a España del Nuevo Mundo: lingotes de plata, monedas de oro, joyas y piedras preciosas. Draque, en unas de sus acciones piratas, llegó a hacerse con un botín de 400.000 pesos de la época, unos 18 millones de euros de ahora.
-¡El cagafuego! –gritó un corsario inglés desde el mástil.
-Hoy no toca –dijo Francis Drake, ordenando al timonel que desviara el rumbo de la nave, mientras se acicalaba su bien cuidada barba.
La realidad es que Sir Francis Drake palidecía al oír nombrar del Cagafuego, sin embargo, le tenía muchas ganas de hincarle el diente. Sobre todo por su orgullo anglosajón. Draque no era un simple pirata, ni un bucanero, ni un filibustero. Era un corsario, es decir, el aristócrata de los piratas. Actuaba bajo el amparo de la corona de Inglaterra. Tenía patente de corso expedida por la reina, vestía ropas finas, no llevaba un parche en el ojo, era exageradamente aseado. Había hecho colocar espejos en el barco por los lugares que él frecuentaba; a cada momento se detenía para peinar su cuidada barba. Era un presumido pero tan delincuente como cualquier filibustero. Era el dandi de los piratas. Un chulo.
Sus abordajes los hacía en el Caribe a barcos españoles, cargados de riquezas. Era un delincuente para la corona española; sin embargo, un héroe para la inglesa. Era un buen marino, pero no mejor que los españoles.
-Allí está el ‘copión’ –decían los marinos españoles cuando lo divisaban.
Se granjeó el mote de ‘copión’ porque imitó a Magallanes en pasar por el estrecho de Magallanes; luego fue el primer inglés en completar la vuelta al mundo, después de Juan Sebastián el Cano.
Francis Drake saqueó a los españoles todo lo que pudo; era lo único que lograba hacer. Sin embargo, como vicealmirante de la Marina Británica no venció en nada a los españoles. El triunfo que se le atribuye de derrotar a la Armada Invencible, no fue él, fueron los elementos. De ahí su cabreo con los españoles. Como ladrón, un campeón; como marino, un desatino.

sábado, 17 de octubre de 2009

LA RUMBA QUE LLEGÓ DEL FRÍO, novela de Antonio Capel. Entrevistado por el escritor y periodista Paco Illán.

Hablando de libros con Antonio J. Capel Riera.
Antonio Capel Riera es murciano, aunque no niega la parte de sus raíces asturianas, ni su placer ante un buen caldo, posiblemente por ser nieto de bodeguero. Es especialista en Podología, pie diabético, cirugía y ortopedia del pie, diplomado en enfermería, fue presidente del Ilustre colegio oficial de Enfermería, momento al que mi memoria viaja para recordarle, cuando uno también se dedicaba a determinadas labores que le privaban de tiempo libre.Le gusta el riesgo: los deportes aéreos: paracaidismo y piloto. Fue vicepresidente de la Federación Aérea de la Región de Murcia. Él nunca olvida sus raíces, en sus apellidos encontraréis a futbolistas conocidos, y puede que por ello su camino profesional le haya llevado hasta colaborar con el Real Murcia.A raíz de ser finalista en el I concurso de Microrrelatos sobre abogados, convocado por el Consejo General de la Abogacía española, le llevó a escribir con más asiduidad. Fruto de ello, “A sus pies”, publicado por Diego Marín en 2008, su primer libro, con portada de MAN, donde nos presentaba 25 divertidas historias, calificadas como tan reales como la vida misma.Charlamos con él tras la publicación de su nueva novela, "La rumba que llegó del frío", próxima a aparecer la segunda edición.

Pregunta.- La primera pregunta es casi obligada, ¿qué hace un podólogo como usted en un sitio como éste?

Respuesta.- Compatibilizar mi profesión con mi afición principal, que es la de escribir. Tal como lo hacen tantos otros profesionales, que independiente de su profesión se dedican a escribir cuentos, novelas, guiones de cine, etc.,…para escribir sólo hay que tener ganas, recuerdos o imaginación.

P.- Por que no me negará que de su actividad profesional y personal se podía esperar de todo, incluso la literatura, libros de ensayos, científicos. Pero posiblemente lo menos era un libro de relatos como A sus pies.

R.- Un amigo psiquiatra me dijo que el diván del psicoanalista y del podólogo tienen una cosa en común: la confidencia y la escucha. Grandes escritores son ‘escuchadores’ de sus pacientes, es el caso de Jorge Bucay y algunos más… En casi treinta años de profesión han transitado muchas historias por mi consulta, unas amargas, otras felices o divertidas y otras inconfesables…”A sus pies” relata precisamente parte de ellas.

P.- Si ya sorprendió con el anterior libro, ahora nos presenta una novela, picaresca y sensual: La rumba que llegó del frío.

R.-Bueno, es mi primera novela larga… algunos escritores consagrados jamás han escrito una novela; se han decantado por los relatos, cuentos, ensayos…yo me muevo entre los relatos y la novela; depende mucho el argumento. Valoro si la trama se acomoda a un relato o a una novela.

P.- ¿Cómo surge en la mente del autor una historia como la que nos narra en la presente novela?

R.- De la vida misma, de la misma manera que tengo en mente las próximas que verán la luz si Dios quiere, hay una treintena de historias esperando; sólo es cuestión de tirar del hilo, y que el ovillo se trasforme en un libro.

P.- Me gustaría saber cuánto hay de Antonio Capel en Antonio Ortíz del Castillo.

R.- Nada y mucho; porque Antonio Ortiz del Castillo es un ser humano como cualquiera de nosotros, con problemas, sueños, deseos, ganas de vivir y disfrutar. Por ello, el personaje en sí es una simbiosis de varios individuos.

P.- Supongo que todos esos lugares que cita en Cabo de Palos, Benidorm, etc. existen. A mi me gusta creer que cuando los escritores que tenemos más cercanos, cuando crean personajes como el chef Sebastián, como Juan Martínez, como Capullito de Huelva, están citando a personajes reales o a heterónimos de ellos.

R.- Este tipo de novela, para que seduzca, debe tener lugares y personajes reales; lo demás es pura coincidencia. El lector es quien puede o no identificarse con algún personaje o situación.

P.- Otra curiosidad. ¿Por qué el Hospital General? Normalmente cuando se piensa en médicos, en personal sanitario, viene a la cabeza el hoy llamado Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca, la siempre conocida como Ciudad Sanitaria. Y si no es ese, el Morales Meseguer.

R.- En este caso surgió así, pero la historia pudo tener otro escenario, como ser un Colegio Mayor, Centro Universitario, empresa, fábrica o en unos grandes almacenes; donde hay mucha gente trabajando, siempre hay historias rocambolescas, y en este caso fue en cualquier gran hospital.

P.- En esta novela hay un loa a la sangría: desarrolla la fantasía, acrecienta la alegría, hace lúcida la memoria y aleja la melancolía. (Pág. 22)

R.- En efecto, cuando el vino esta por medio aparece la alegría, desinhibición, la despreocupación, la imprevisión, la frescura, la pachorra…

P.- “Previene ataques cardiacos al estimular el sistema cardiovascular, favorece las defensas del organismo, se ha relacionado con el aumento de los anticuerpos, en especial la llamada inmunoglobulina A, lo que protege contra gripes y otras infecciones... Otra ventaja es que alivia los dolores, ya que se libera la hormona de la oxitocina y se elevan también los niveles de las endorfinas... "(Pág. 180). ¿Tan sano y saludable es y se receta tan poco?

R.- Dicen los sexólogos que en España están aumentando los síntomas de inapetencia o desinterés por el sexo y que lo peor es que los jóvenes no incluyen esa actitud entre sus problemas de pareja, porque no lo consideran como tal. Afirman que se sigue hablando mucho de sex, pero no se practica.Las imágenes sexuales nos inundan: anuncios de televisión cada vez más eróticos, las modas, el cine, la música, la forma de vestirse... y a lo mejor es esa la causa de que la gente se haya acostumbrado a tenerlo tan fácil y a todas horas que no les llama la atención. Es lo que dice un prestigioso sexólogo.Quizá, la situación tampoco ayude mucho. Son malos tiempos para la lírica, como dice la canción. Si la gente está preocupada porque ve peligrar su estabilidad, el sexo pasa a un segundo plano, se convierte en una vía de escape. Me pregunto cómo es el sexo en las situaciones extremas. ¿Se esfuma? ¿Se mantiene? ¿Se atenúa? ¿Se ausenta?

P.- Interesantes preguntas, motivo de otra extensa entrevista. Por cierto, como cita lo de determinadas gripes, ¿cree que podría proteger contra la H1N1?

R.- Mucha gente sabe que una manera de luchar contra los procesos gripales desde tiempos remotos, ha sido con la ingesta de mezclas calientes de bebidas alcohólicas con frutos y reposo en cama para sudar, en general con buenos resultados. Esta práctica ancestral ha llevado a refranes que reflejan la sabiduría popular: al catarro, con el jarro; el vino en jarro, cura el catarro; a catarro gallego, tajada de vino, o el más indicativo, probablemente oriundo de Entrena (La Rioja), "pal catarro, pluma y jarro". Estos refranes, reflejo de la observación y experiencia popular, están de acuerdo con los hallazgos científicos actuales del efecto beneficioso del consumo moderado de vino tinto contra las infecciones virales. Respecto a la pregunta anterior, ojala protegiese contra ella.

P.- En un mundo donde la hipocresía parece que se abre paso, aunque sea con el nombre de “políticamente correcto”, hay expresiones e ideas en su novela que son, desde luego, muy poco políticamente correctas. (Pág. 19, Pág. 101, y otras). ¿Cree que es posible escribir una novela picaresca, sensual, sin citar a las cosas por su nombre popular?

R.- Bueno, aquí me ciño a lo que dijo en su día Umberto Eco y Luis Sánchez de Movellán de la Riva: El escritor aborda las contradicciones en que se incurre al cambiar algunas palabras por otras políticamente correctas, cita algunos ejemplos grotescos y finaliza con más de un centenar de términos “bonachones para insultar al adversario”.Lo políticamente correcto es un auténtico movimiento de ideas nacido en la universidad americana, de inspiración liberal y radical y, por lo tanto, de izquierdas, en pro del reconocimiento del multiculturalismo y para reducir algunos de los radicales vicios lingüísticos que establecían líneas de discriminación hacia las minorías. Por eso, se comenzó a decir “blaks” y, después, “afroamericanos”, en vez de “negros”, o “gay” en vez de los múltiples y conocidos apelativos despreciativos reservados a los homosexuales.Naturalmente, esta campaña en pro de la purificación del lenguaje produjo su propio fundamentalismo, hasta desembocar en los casos más vistosos y ridículos. Como el de algunas feministas que propusieron no decir más “history”, porque, por medio del prefijo “his”, se hacía pensar que la historia fue sólo “de él”, sino “herstory”, historia de ella, ignorando, obviamente, la etimología greco-latina del término, que no implica referencia de género alguna.Pero la tendencia de lo políticamente correcto asumió también aspectos neoconservadores o francamente reaccionarios. Si se decide llamar a las personas que van en silla de ruedas ya no minusválidos, sino discapaces o “capaces de otra forma”, pero después no se les construye rampas de acceso a los lugares públicos, evidentemente, se obvia hipócritamente la palabra, pero no el problema.Y lo mismo vale para la sustitución del parado por “el que no hace nada a tiempo indefinido” o el de licenciado por “aquel que se encuentra en transición programada entre cambios de carrera”. ¿Por qué los banqueros, en cambio, no se avergüenzan de su definición y no insisten en ser llamados operadores del sector del ahorro? Si te cambian el nombre es para olvidar que algo no funciona. Sobre estos y otros problemas parecidos se detiene Edoardo Crisafulli en su libro Lo políticamente correcto y la libertad lingüística, donde pone al descubierto todas las contradicciones, los pros y los contras de esta tendencia. Y, a demás, es un libro muy divertido. (…) A fuer de contribuir también y a la suavización de lo políticamente incorrecto y tras haber consultado una serie de diccionarios incluso dialectales, me permito sugerir algunas expresiones a fin de cuentas bonachonas para insultar al adversario. (…)Luis Sánchez de Movellan dice: Asistimos a un nuevo período de intolerancia. (…)El origen de lo políticamente correcto coincide con el fracaso de las ideologías de izquierda a la hora de racionalizar la igualdad social. El mundo de la cultura fue su reducto y desde ahí diseñaron la corrección política como un intento e imponer la igualdad social a través de la imposición de un lenguaje no discriminatorio. Es decir, al no lograr cuajar una revolución ideológica – y mucho menos política – el izquierdismo progresista estadounidense inventó una revolución semántica.La extensión hoy de lo políticamente correcto se ha convertido en una enfermiza ocultación de la realidad a través del lenguaje eufemístico. (…) Ejemplos: flexibilidad de plantillas, por despido barato; atender a un objetivo, bombardeo masivo; daños colaterales por víctimas civiles; interrupción voluntaria del embarazo por aborto… Esta psicología de la autocensura y de la configuración de grupos sociales negativizados corresponde a la cultura protestante. (...)La progresía estadounidense no ha podido desprenderse de una cultura forjada en el puritanismo más atroz capaz de buscar signos sociales de los predestinados a la salvación y los predestinados a la condenación. Los partidarios de la corrección política que se presentan como liberadores de los discriminados, acaban por imponer de forma intolerante su estilo vital e intentan legitimarlo democratizando sus vicios y errores intelectuales. Toda esta jerga de la corrección política es una manifestación, sutil y benigna, de lo que profetizó Tocqueville como modelos de tiranía democrática.Y el ejemplo más reciente es hablar de “personas de la tercera edad” cuando nos referimos a los ancianos.P.- ¿Quiénes son Los Pelayos?R.- Pelayo, es una familia que desde principios de los 90 ganó varios cientos de millones de pesetas en ruletas de todo el mundo. Aplicaron un sencillo sistema de forma metódica, con miembros del equipo (casi todos familiares) que durante semanas tomaban números, mientras otros apostaban posteriormente. El Clan de los Pelayos ganó mucho dinero en el Casino de Madrid, en Barcelona, en Canarias... y en Amsterdam, en otras ciudades europeas y prácticamente en el resto del mundo, incluyendo Las Vegas y Australia. Las ganancias se elevaron a más de 250 millones de pesetas durante tres años a principios de los 90. Los casinos, obviamente, tomaron sus contramedidas cuando descubrieron a los sistemistas, cambiando las ruletas de sitio, de modelo o intercambiando piezas de unas a otras.

P.- Aún siendo una novela picaresca, como hemos citado anteriormente, relata usted una situación tan real como la vida misma: la conversación entre Antonio Ortíz y el director de la entidad de ahorro cercana a la Catedral de Murcia: y no nos queda otra que dar la patada a la banqueta. (Pág. 320)

R.- Así es; son las conversaciones diarias que se oyen en cualquier café. Existe mucha gente “ahorcada” de por vida por la crisis económica. Muchos ha perdido sus viviendas, incluso han desahuciado a los avaladores por no poder responder al que garantizó en su momento. Algunos son jubilados que los han echado a la calle por avalar al hijo…esa es la “patada a la banqueta”. La banca carece de sentimientos…vendiendo esa desgracia al mejor postor, que casi siempre es un inmisericorde ricachón…

P.- No puedo evitar preguntarle: ¿es posible modelar la incertidumbre?

R.- Esa es una pregunta para un erudito en Matemáticas; por lo que yo sé, sí que se puede, pero es una tarea muy compleja a base de fórmulas; pero en su día Einstein ya “modeló” con su Teoría de la Relatividad.

P.- Permítame ahora unas preguntas más generales. ¿Cuándo escribe usted? Se lo pregunto por que tengo entendido que su agenda profesional está comprometida con un par de meses, vamos, como si fuese ese chiringuito de la sierra de Antas.

R.- Gracias a Dios así es; tengo pacientes de tres generaciones. Atiendo mi agenda profesional en un horario determinado y el tiempo restante lo dedico a lo que me gusta, lo que me divierte, escribir, por ejemplo.

P.- ¿Usa mucho la papelera? Se lo pregunto por que en una anterior entrevista Blanca Andreu nos decía que publicar un libro al año a toda costa para estar en el candelero va en detrimento de la obra, que ella usa mucho la papelera: hay que pensárselo mucho para poner en el papel algo que merezca la pena ser leído.

R.- Yo no pretendo estar en el candelero a toda costa, y tampoco me preocupa en pensar mucho en lo que hay que poner en el papel. Yo escribo para mi, por placer y repito la frase de la escritora Patricia Haightsmith, que dice: “al escribir un libro, a la primera persona a la que deberías complacer es a ti mismo. Si eres capaz de divertirte durante el tiempo que te lleve escribir el libro, más adelante también divertirás a los editores y a los lectores”

P.- Anuradha Roy, la escritora hindú, declaró que escribir es al mismo tiempo un regalo y una opresión. ¿Cómo lo ve usted?

R.- Muy claro, tanto que me siento identificado con esa expresión… por la gran responsabilidad que encierra.

P.: Haruki Murakami dijo una vez que escribir novela es un reto, escribir cuentos un placer, que es la diferencia entre plantar un bosque o plantar un jardín. ¿Cómo lo ve Antonio J. Capel Riera?

R.- Puede que sea más trabajoso hacer una novela por lo extenso, pero si se tiene en la cabeza la idea clara, se convierte en un juego divertido; el cuento requiere más concentración, y también cuesta lo suyo
.
P.: Y como esta sección se llama Hablando de Libros, el futuro de los mismos, ¿cómo lo ve el podólogo?

R.- Los medíos de comunicación dicen que se lee más por la crisis, y algo debe haber de cierto. Yo recuerdo que el gran tenor canario Kraus dijo que en la extinta Unión Soviética, la miseria la mitigaban con cultura; y yo lo comprobé al realizar un viaje a la fría Siberia; en las esquinas, en bares, recepcionistas, etc…estaban casi todo el día inclinados con las manos tapadas por el frio; y lo que estaban haciendo era leer viejos libros desgastados, que los cuidaban con mimo. Mitigaban su desconsuelo con la cultura.

.Ha sido un placer charlar con usted sobre La rumba que llegó del frío. Muchas gracias.firma: francisco javier illán viva

martes, 22 de septiembre de 2009

Antonio Capel, en Radio Nacional de España

Antonio Capel Riera, entrevistado en Radio Nacional de España, por el periodista José Rocamora, con relación a su novela 'LA RUMBA QUE LLEGO DEL FRIO'